La Gran Ola

La Gran Ola puede verse desde la ventana de mi habitación, en un vigésimo piso de la calle de los Leñadores, en el municipio de Ninguna Parte.
Avanza distendida, con una parsimonia digna de ser admirada. No tiene prisa, no, camina segura de su victoria.

La Gran Ola nació un treinta de febrero en los corazones de los alquimistas, fruto de su necesidad de hacer algo grande… y vaya si lo consiguieron. Diecinueve días más tarde ahí viene. Y ya ha arrasado más de medio mundo conocido.

La Gran Ola es el símbolo de lo esperado. Es el terror materializado y la promesa para los vencidos… Mientras que la espuma va cayendo sobre los tejados del mundo, observo inmóvil, cómo su frescor va alimentando la tierra, que tan seca y devastada había dejado la humanidad.

Ya sólo queda un suspiro. “Nos tragará, nos tragará a todos”, grita una señora que corre con sus dos hijos siameses por la calle. Permanezco quieta, no quiero perderme la cautivadora imagen. Sé que quedan pocos segundos para despertar, para que me levante de la cama y venga aquí a escribir la historia de la Gran Ola que nos tragó a todos.

 

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