Literatura Gótica

Retrato de Lord Byron por Thomas Phillips

La literatura gótica, visitada con rapidez y de modo exteriorista, viene a ser un conjunto de convenciones acerca del lado oscuro de la vida. Se trata casi de una actitud propia del romanticismo, actitud que se transforma en una corriente imaginativa cuya cristalización ocurre en la llamada novela gótica y, en general, en la narrativa que posee ese carácter. Se dice que surgió en Inglaterra durante la segunda mitad del siglo XVIII como especie de resistencia al racionalismo y al clasicismo. Sus mayores ejemplos se dieron a conocer a lo largo de casi todo el siglo XIX, y sus planteamientos estéticos fueron retomados poco tiempo después por el cine.
Los relatos góticos, llenos de violencia física y psicológica, están ambientados en escenarios pavorosos y desolados, por lo general un castillo o una abadía en ruinas. Dominados por el misterio y una constante sensación ominosa que nos lleva al terror, abundan en los relatos góticos las habitaciones encantadas, los objetos significativos y extraños, los pasajes subterráneos, los ruidos desconocidos y temibles, los secretos que no se pueden revelar sin que ocurra una desgracia, las tumbas profanadas, las escaleras secretas y los fantasmas.

Pero también, y esto es muy importante, el relato gótico es el triunfo de la muerte dentro de la vida, o el triunfo de la vida como circunstancia posible de la muerte, y es aquí donde, entre tinieblas, surgen pasiones encontradas en las que aflora un singular erotismo, casi un tipo de deseo (una especie de hambre) que combina la fogosidad del amor sentimental o cortesano con el apetito de posesión presente en el mito de la sangre (o el despojamiento de la vida) en tanto ansia de ser, de existencia que se prolonga.
El relato gótico desata todo esto y pone en circulación a una criatura excepcional: el vampiro. En la presente edición he incluido dos relatos muy disímiles de vampiros. Uno, llamado así mismo, "El vampiro", fue escrito a inicios del siglo diecinueve por John William Polidori, un médico con aptitudes de escritor que le sirvió a Lord Byron de acompañante y secretario en sus viajes europeos, y que concibió la que probablemente es la primera versión literaria moderna de esa criatura que se alimenta de sangre. Seductor siempre, lo mismo en el caso de mujeres que de hombres, y amparado en una aureola de fuerza psíquica y encanto personal, el vampiro de Polidori es todo un concierto de rasgos y capacidades dramatúrgicas que se desarrollarían luego en la literatura y en el cine. Es, digamos, un vampiro canónico, antecedente del más famoso de todos los vampiros, el Drácula de Bram Stoker.
Pero el otro vampiro es una vampira, una mujer, una dama sensual, increíblemente sensual y cruel, de un refinamiento extraño, despreciativa con los hombres y de una inteligencia extraordinaria. Esta criatura se apodera, mediante un proceso de atracción sensual que excluye los actos violentos, sólo de mujeres. Su modedura no es en el cuello, sino en el nacimiento de un pecho femenino, o en el pecho mismo. Y asistimos con este relato titulado "Carmilla" (casi una noveleta), al primer gran amor lesbiano del horror gótico, en un desenvolvimiento narrativo que somete a revisión toda la dramaturgia falocéntrica en torno a los mecanismos de la seducción amorosa. "Carmilla", de John Sheridan Le Fanu, es a su manera una obra maestra de su género.

"Zastrozzi", el extenso relato de Percy B. Shelley, es una historia acerca de la persistencia e impunidad de la barbarie individual y la violencia. Aprovechando las convenciones de la fábula romántica y sus orígenes italianos, el poeta Shelley -un filántropo ateo, que creía tan sólo en la inteligencia, el amor universal y la libertad del individuo- arremete contra la idea de un Dios justiciero y construye un relato sobre la persistencia irreparable del mal y sobre la fuerza del amor. Shelley no era un narrador, sino más bien un poeta de hondos lirismos. Esa pieza, "Zastrozzi", es una muestra rara de su maestría en el arte de contar.

Vampiros, bandidos infernales, monstruos como el hombre lobo, fantasmas ensangrentados, seres sobrenaturales como la criatura del doctor Frankenstein, presagios indecibles, horribles secretos de familia muy bien guardados, paisajes de belleza salvaje y arquitecturas monumentales y decadentes: he aquí la sintomatología de un género que después, en el siglo veinte, se recobra por medio de mutaciones en sus nupcias con la literatura policial, la ciencia ficción y la novela de aventuras.
De esta manera, una novela gótica puede tener o no elementos sobrenaturales, puede suceder en los pasadizos de un castillo medieval o en los pasillos no menos tenebrosos de una nave espacial, pudo escribirse en el siglo XVIII, en el XVII o en el XXI.

Algunas lecturas Góticas y Fantásticas en español

* Agustín Pérez Zaragoza Godínez, Galería fúnebre de espectros y sombras ensangrentadas (Introducción analítica), "Dompareli Bocanegra"
* Pedro Madrazo, "Yago Yasck"
* Antonio Ros de Olano, "El ánima de mi madre"
* Anónimo, "Lo que puede la ciencia"
* Gustavo Adolfo Bécquer "El miserere", "Maese Pérez, el organista"
* Benito Pérez Galdós, "La sombra"
* Emilia Pardo Bazán "Hijo del alma", "Las espinas", "El antepasado", "La resucitada", "Vampiro" (laboratorio)
* Carmen de Burgos, "La mujer fría"; "El perseguidor"
* Theofile Gautier, "La muerta enamorada (Clarimonda)"
* Pío Baroja, "Médium", "El trasgo", "La sima"
* Ramón del Valle-Inclán, "Beatriz (Satanás)"
* Carmen Martín Gaite, "El cuarto de atrás"


Otras lecturas:

* Definiciones de terror y horror aparecidas en El Artista de 1835-1836
* Pedro Antonio de Alarcón, "La mujer alta"
* Pedro de Escamilla "El gato negro"
* Pío Baroja, "El reloj"



Texto: Alberto Garrandés
Información adicional: Kat

 

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